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Otto Heinrich Warburg nació en Friburgo de Brisgovia (Suiza)
el 8 de octubre de 1883. Realizó sus estudios en Friburgo,
Berlín y Heidelberg, y sus inquietudes investigadoras abarcaron
varias ramas de la ciencia. Además de doctorarse en Química,
se licenció en Medicina y estudió Termodinámica.
En un principio comenzó a trabajar con su padre, un importante
físico dedicado a la investigación, sobre la teoría
cuántica de la fotosíntesis, y el resto de su vida
estuvo dedicada a la investigación, rechazando cualquiera
de las numerosas propuestas de instituciones gubernamentales.
En 1918 fue nombrado catedrático del Instituto Emperador
Guillermo, de Berlín-Dahen, comenzando en el 1931 a desempeñar
el cargo de director de este Instituto, que a partir de 1953 pasó
a llamarse Instituto Max Planck de Fisiología Celular. Otto
Heinrich Warburg murió el 1 de agosto de 1970 en Berlín.
En 1922, por el cada vez mayor número de casos de cáncer
en la sociedad, Warburg comenzó sus investigaciones sobre
el metabolismo de las células cancerosas. El primer acontecimiento
que llamó la atención del investigador fue que estas
peculiares células producen una enorme cantidad de ácido
láctico, propiedad que se manifiesta tanto in vitro como
in vivo, y además es válido para procedimientos aeróbicos
y aneróbicos, variando según el tipo de cáncer
estudiado.
Esta circunstancia contrasta con el hecho de que en un tejido sano
de un organismo animal no se produce nunca ácido láctico
a partir de glucosa en condiciones aeróbicas de un modo comparable.
Otra propiedad destacable de las células cancerosas apreciada
por Warburg es que este tipo de células se diferencian de
las células sanas por su incapacidad de reprimir la glucólisis
en presencia de oxígeno. La conclusión que extrae
de estas observaciones es que en las células cancerosas el
control de la fermentación por medio de la respiración
se encuentra alterado. Estas primeras cuestiones permanecieron durante
muchos años sin explicación.
Los estudios de Warburg le condujeron a la conclusión de
que el proceso de la respiración en las células cancerosas
se produce con una gran intensidad, lo que le llevó a concluir
la hipótesis de que la función respiratoria se encontraba
íntimamente relacionada con la membrana celular. Esta primera
hipótesis resultó no ser cierta al comprobar, unos
años más tarde, que al destruir la membrana celular
con determinados agentes disolventes la respiración en las
células seguía existiendo. Esta observación
le hizo revisar su primera hipótesis y considerar que debían
existir algunos tipos de fermentos respiratorios que permitían
realizar la respiración en el interior de la célula.
Dirigiendo sus siguientes experimentos en ese sentido comprobó
durante la medición del anhídrido carbónico
que se libera en el proceso respiratorio, que si esa medición
era realizada en una solución con ácido tartárico
o con ácido cítrico, se producía una oxidación
de los ácidos, y la velocidad respiratoria se reducía.
Además, pudo comprobar la presencia de hierro en este proceso.
A partir de 1930 consiguió formular una teoría completa
y racional de la función de las enzimas en el proceso respiratorio.
Todas estas conclusiones se tradujeron en una notable mejora en
los métodos y en los instrumentos para la investigación
del cáncer. Warburg recibió el Premio Nobel de Medicina
por sus trabajos sobre la respiración celular. En el discurso
para la ceremonia de entrega del galardón el comité
indicó sobre las investigaciones de Warburg que "los
cambios cuantitativos medidos en el proceso de combustión,
bajo distintas condiciones, han dado luz a la naturaleza del fermento
respiratorio. La correspondencia entre la influencia de la luz sobre
la combustión celular retardada por monóxido de carbono,
por un lado, y los pigmentos determinados para compuestos de CO,
por otro, llegó con la ayuda de un análisis matemático
detallado a la conclusión de que el fermeto respiratorio
es un fermento rojo, que contiene hierro, muy semejante al pigmento
de la sangre". |